La domesticación de animales

Para comprender mejor qué es un animal doméstico, es necesario comprender qué es la domesticación. Una de las definiciones más conocidas de domesticación es la que propuso Price en 1984 y dice que la domesticación de animales es:

Un proceso por el cual una población de animales se adapta al ser humano y al ambiente de cautiverio, mediante una combinación de cambios genéticos ocurridos a lo largo de generaciones, y eventos del desarrollo que han sido inducidos por el ambiente y que son recurrentes en cada generación

En otras palabras, la domesticación es un proceso evolutivo por el cual una población animal se adapta a vivir bajo cautiverio del ser humano.

Es importante tener claro este concepto porque mucha gente confunde domesticación con doma. La domesticación afecta los genes de toda una población, haciendo que dicha población evolucione en una nueva población capaz de vivir y reproducirse en condiciones de cautiverio. En cambio, la doma consiste en amansar un animal mediante el adiestramiento.

Por ejemplo, los animales salvajes que han tenido la desgracia de caer en espectáculos circenses son animales domados, pero no domesticados. Si es que se reproducen, sus descendientes seguirán siendo salvajes y necesitarán ser domados para interactuar con sus entrenadores y otros empleados de los circos. (Lastimosamente siguen existiendo circos con animales)

En cambio, los animales domésticos, como los perros, nacen con una predisposición genética que le facilita convivir con los humanos. Los descendientes de esos animales domésticos nacen con la misma predisposición.

Característica fundamental de los animales domésticos

La característica fundamental de los animales domésticos es la pedomorfosis, que consiste en que el animal adulto conserva características de etapas juveniles. Esto ocurre porque, en algún punto durante la evolución de las especies domesticadas, los individuos alcanzan la reproducción sexual antes de desarrollarse completamente (proceso conocido como neotenia).

Debido a la pedomorfosis, los animales domésticos presentan algunas características físicas juveniles, aún cuando son adultos. Por ejemplo, orejas caídas y hocicos poco pronunciados en los perros, mientras que sus ancestros, los lobos, tienen orejas erguidas y hocicos muy pronunciados.

Sin embargo, la principal característica pedomórfica de los animales domésticos es que mantienen su conducta juvenil por más tiempo. Esto les da una ventana de socialización más amplia que, a su vez, les da más probabilidades de relacionarse mejor con otras especies y de acostumbrarse a la vida en cautiverio.

La domesticación de animales no requiere intencionalidad

Muchos expertos de las ciencias animales, especialmente de las que tienen que ver con la producción, opinan que la domesticación solamente ocurre porque el hombre decide domesticar una especie animal, pero eso no es cierto. En muchos casos, los animales fueron domesticados porque el ser humano así lo decidió, pero existen pruebas de procesos de domesticación en que no hubo intencionalidad humana, por lo menos no inicialmente.

Una de las investigaciones más llamativas sobre este aspecto de la domesticación de animales la llevaron a cabo los biólogos Raymond y Lorna Coppinger. Estos científicos estudiaron por muchos años la relación entre humanos y perros, y llegaron a la conclusión de que la domesticación del perro se debió a la aparición de nuevos nichos ecológicos y no a que el ser humano haya decidido domesticar a ese animal.

Volviendo a la vida salvaje

Dado que la domesticación de los animales es un proceso evolutivo, también es un proceso dinámico. Por tanto, las especies domesticadas pueden evolucionar nuevamente hasta un estado salvaje, aunque no igual al ancestro del que derivaron.

Antiguamente se creía que esto no podía ocurrir y que un animal doméstico moriría si es dejado a su suerte sin la ayuda del ser humano. Sin embargo, se han dado muchos casos de animales domésticos que han vuelto a ambientes naturales y han podido prosperar en ellos. Eso no significa que los animales involucionan (vuelven a las formas y conductas de sus ancestros salvajes), sino que evolucionan en nuevas poblaciones, subespecies o especies con nuevas adaptaciones morfológicas, fisiológicas o conductuales que les permiten sobrevivir en ambientes salvajes.

Un caso interesante de este proceso de pérdida de domesticación, se encuentra en el dingo. Se piensa que el dingo es el descendiente de perros domésticos, que evolucionó hasta convertirse en un perro salvaje con características propias. Algo similar puede estar ocurriendo en muchos lugares del mundo con las jaurías formadas por perros domésticos abandonados pero que han logrado sobrevivir sin la ayuda del ser humano.

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